Me enfrento por segundo año a la difícil tarea de escoger a los distinguidos con ocasión del Día de Andalucía.
Después de haberme debatido entre muchos posibles merecedores de tal distinción, y con el consejo y asesoramiento de conocedores de nuestra realidad malagueña, termino por cerrar con seis personas de los ámbitos del arte, la ciencia, la solidaridad, el deporte y la empresa.
En el día de ayer los convoqué a compartir mesa y mantel para conocerlos y conocerse entre sí los premiados. Vinieron Mari Paz Vega, torera (y su hermano); cuatro de los miembros de Danza Invisible (a la cabeza Javier Ojeda); Oscar Fernández, médico y responsable de la unidad de Neurociencias del Hospital Carlos Haya; la Presidenta de la ONG malagueña Pangea, Genoveva y el secretario de la organización; Ana Gómez, montañista; y Antonio Mediato, en nombre de Airzone. Lástima que al Dr. Arraez, compañero de Oscar, le pillara fuera de España.
Desde el primer instante en que empezaran a llegar los invitados, ya se percibió que había “química” en el grupo. Durante la comida el ambiente fue festivo, algo parecido a una comida navideña, y tras la inicial presentación por cada uno sobre sí mismo la reacción de todos fue la de admirar a los demás, creyendo que los méritos propios siempre eran más pequeños respecto a los otros.
Descubrimos en esa suerte de “cita a ciegas” inicial (en principio los premiados no creían conocerse ni entre ellos ni a mí personalmente), coincidencias tales como que Antonio Mediato y Javier Ojeda fueron compañeros de colegio, que Genoveva tenía lazos de parentesco con un miembro de la empresa de Mediato, que Jorge y Oscar se conocían por razones profesionales, que Oscar conocía a una amiga íntima del Grupo Danza Invisible, y no sé cúantas relaciones más.
Málaga es un pañuelo.
Después de compartir reflexiones sobre el momento económico, sobre el machismo en determinados ámbitos, sobre la imagen equivocada que tenemos sobre algunas profesiones, todos terminamos por coincidir que en Málaga tenemos mucha gente muy valiosa, que nuestra baja estima como malagueños es discordante con nuestra realidad, probablemente porque desconocemos lo bueno que tenemos entre nuestros conciudadanos.
Me han enseñado todos ellos, más ahora que los he conocido de cerca, que hay mucho talento y valía en nuestros malagueños. Ellos son ejemplos de valentía, superación, tesón, esfuerzo y de rechazo al desaliento. Ninguno de ellos lo ha tenido fácil. Adonde han llegado ha sido por tener clara la meta, por generosidad, por coraje o por ansias de superación. Pero su modestia les hace decir que ha sido por “no saber hacer otra cosa”, “porque me gusta y disfruto con ello”, “por continuar el camino que abrieron otros”.
Un lujo de compañía, un orgullo para Andalucía, y una enseñanza y ejemplo para muchos: si quieres, puedes.


Me dice mi amigo Jaime no obstante, que el caballero de la Triste Figura no aparece en ningún momento como consumidor de vino porque no era propio de caballeros andantes. Pero que en la figura de Sancho Panza sí que aparece mucho más apegada al gusto por el comer y el beber. De hecho, Don Quijote enviste contra los molinos de viento mientras Sancho caminaba «muy despacio sobre su jumento, y de cuando en cuando empinaba la bota con tanto gusto que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga» También me recuerda mi amigo Jaime que no es sólo la literatura la única disciplina artística en la que encontramos referencias al vino de Málaga. La música y la pintura también descubren en nuestro vino razones como para elevarlo a la categoría de arte. Aunque es verdad que en óperas nos gana Sevilla, en la ópera “La Cenerentolla” (1.817), de Gioacchino Rossini dice en su Escena 10ª: Premio bellísimo di piastre sedici: A chi più malaga. En fin. Milos Forman y el vino de Málaga. Y por medio, mi interés creciente por ver más cine.